Koeman, señalado

El técnico holandés está firmando el peor arranque azulgrana de las últimas tres décadas

Koeman, señalado. Foto: okdiario.com Koeman, señalado. Foto: okdiario.com

Que la temporada 2020/21 no iba a ser sencilla en Can Barça, es algo que se presuponía. El doloroso final de la campaña pasada, el caso Messi, las escasas incorporaciones debido a la grave situación económica y la dimisión de Josep Maria Bartomeu significaban los primeros compases de un curso que se puede antojar histórico, negativamente hablando.

Tras diez jornadas disputadas, el Barça de Koeman se encuentra octavo en la clasificación de LaLiga Santander. Una posición más que pobre analizando bien los resultados. Solo acumula 4 victorias, 2 empates y otras 4 derrotas, dejándose lejos de casa la mayoría de puntos (solo ha conseguido 5 de 12). El líder Atlético de Madrid está ya a 12 puntos, la Real Sociedad a 10 y el Madrid y la Champions League a 6. Es cierto que los culés tienen dos partidos menos, pero varios conjuntos por encima suya están en una situación similar. El club blaugrana no se encontraba en una situación similar desde la campaña 1987/88.

Los jugadores tienen gran parte de culpa. El rendimiento de pesos pesados como Messi, Jordi Alba o Busquets está muy lejos de lo esperado, pero la segunda línea no acompaña. Lenglet y De Jong son una sombra de lo que prometían, ya que ninguno de los dos acaba de dar un paso adelante para aportarle al equipo la consistencia defensiva necesaria ni la circulación de pelota idónea para llegar arriba y generar peligro. Son solo dos goles los que han marcado como visitante desde la jornada 4 (uno Griezmann y el otro en propia puerta) y la sensación de embudo cada vez que se pisa el área con el rival encerrado parece indescifrable. Y ahí la culpa recae sobre Koeman.

Planteamiento inicial plano y cero intervencionismo

Una de las principales cualidades en las que debe destacar un entrenador de la élite del fútbol es en su lectura del juego y su capacidad para reaccionar ante los problemas. Lo idóneo sería que todos los planes iniciales se cumplieran a rajatabla, pero cuando las cosas se tuercen, es cuando debe aparecer la figura del técnico. Esto no está ocurriendo en el banquillo del Barça con Ronald Koeman.

A pesar de su buen hacer en la Liga de Campeones (pleno de victorias a falta del partido ante la Juventus en el Camp Nou), tanto a los equipo como a sus DT se les valora por su rendimiento jornada tras jornada en el torneo doméstico. Y aquí el Barça patina. Y mucho. La Unidad B que brilla en Europa se atasca por los campos de España y cuando vuelve Messi al once. Koeman no ha sabido gestionar la inmensa influencia del ‘10’ sobre todo el juego colectivo y los minutos finales de todos los partidos se convierten en un frontón en los que la única solución para crear peligro siempre es que el balón pase o llegue a los pies de Lionel (y no en las mejores condiciones, que se diga). Cuesta recordar que a Messi le pongan un balón de gol similar y en las mismas condiciones en las que los pone él a diario, esté mejor o peor ese día.

El esquema inamovible atasca al equipo. Cuando los partidos se convierten en un ida y vuelta, el doble pivote del 1-4-2-3-1 se rompe. Los rivales lo sobrepasan con mucha facilidad y los jugadores no ocupan todos los espacios de la zona ancha. La línea de tres se incrusta con el punta y hay cero movilidad y escasa profundidad. Los extremos por dentro en lugar de abrir el campo para generar espacios para los futbolistas de dentro. Para EL futbolista de dentro (que es el ‘10’). Una de las soluciones puede ser retomar en determinados momentos o determinados partidos el 1-4-3-3, poblando el centro del campo y abriendo bien a los extremos.

Tampoco está acertado en los cambios. Está más que clara que la alternativa de De Jong en la zaga no le aporta a los azulgranas nada, así como cambiar a los hombres de banda por uno similar o que, incluso, esté peor. El relevo de ayer de Sergiño Dest (que estaba siendo de los mejores encarando y generando peligro) por Trincão (el cual está en un proceso de involución muy claro) es una buena prueba de lo mal gestionadas que están las sustituciones.

El tiempo corre, las jornadas pasan y en la Ciudad Condal cada vez hay un mayor runrún sobre la gestión de Koeman. Ha llegado en un momento muy difícil y apenas podrá reforzarse, pero si no da con la tecla, la continuidad del holandés al frente del FC Barcelona puede llegar a su final más pronto que tarde.

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