Joaquín Correa es un jugador diferente. Un jugador de los que no hay, de los que tanto cuesta encontrar y a los que hay que perdonar ciertas cosas, ciertas licencias. ¿Por qué? Porque es diferente, porque roza lo genial. El joven extremo del Sevilla FC es un futbolista superlativo que crece a cada partido que juega. Su progresión, de hecho, es imparable.
Rapidísimo con espacios, muy hábil en el uno contra uno, con mucha facilidad para tirar desmarques y para pisar el área rival, el internacional argentino es un extremo moderno, de los que puede jugar por fuera, por dentro, al pie o al espacio. Correa es un jugador que exige a su par, que le obliga a dar siempre la mejor versión de sí mismo.
El delantero del Sevilla lo tiene todo para jugar en un grande. Absolutamente todo. Bien es cierto que el cuadro hispalense ya es un grande de Europa, creo que el extremo albiceleste tiene el suficiente futuro por delante como para triunfar en un equipo que aspire a todo en el continente. Y si no, al tiempo.