La Liga
La goleada encajada por el Valencia ante el Celta de Vigo ha agravado una situación que ya era límite. El 4-1 sufrido en Balaídos ha dejado una profunda sensación de ruptura en un equipo que no encuentra respuestas sobre el césped.
Con solo 16 puntos en 18 jornadas y tres victorias en todo el campeonato, el Valencia ocupa puestos de descenso y transmite una preocupante falta de reacción. En este contexto, la continuidad de Carlos Corberán al frente del banquillo está seriamente cuestionada.
Un proyecto que no despega y un vestuario desconectado
La llegada de Carlos Corberán generó expectativas en Mestalla, pero el desarrollo de la temporada ha sido muy distinto a lo esperado. El equipo no ha logrado consolidar una identidad clara, encadena errores defensivos graves y muestra enormes dificultades para competir fuera de casa. Más allá de los resultados, lo que más inquieta es la sensación de desconexión general.
En el club preocupa especialmente el clima interno. Según fuentes cercanas al vestuario, parte de la plantilla ha perdido confianza en el discurso del entrenador, algo que se refleja en la falta de intensidad y de reacción durante los partidos. Cuando el mensaje del técnico deja de calar, el margen de maniobra se reduce drásticamente.
Desde la directiva se sigue defendiendo públicamente la estabilidad, pero en privado se asume que la situación es insostenible a medio plazo si no hay una reacción inmediata. El calendario no concede tregua y cada jornada que pasa sin sumar puntos aumenta la presión sobre el banquillo.
Alternativas sobre la mesa y perfiles muy distintos
Ante este escenario, en Mestalla ya se manejan varios nombres como posibles sustitutos. Uno de los perfiles que siempre aparece en situaciones de urgencia es el de Quique Sánchez Flores. Su experiencia en contextos de crisis y su conocimiento del entorno valencianista lo convierten en una opción recurrente, aunque no exenta de debate interno.
Otro nombre que ha ganado peso es el de Pablo Hernández, que está realizando un trabajo muy sólido en Segunda División al frente del Castellón. Su candidatura representa una apuesta más estructural, con una idea de juego definida y un proyecto a medio plazo, aunque su falta de experiencia en la élite genera dudas en un contexto tan delicado.
La dirección deportiva valora pros y contras de cada opción. El gran dilema es decidir entre un perfil de bombero, enfocado en la supervivencia inmediata, o un entrenador con una visión más amplia que permita reconstruir el equipo desde la base.

Luis García Plaza, la opción que gana fuerza
En las últimas horas, el nombre que más consenso empieza a generar es el de Luis García Plaza. El técnico madrileño cuenta con un amplio reconocimiento en el fútbol español gracias a sus etapas en clubes como el Mallorca y el Alavés, donde demostró una notable capacidad para competir con plantillas limitadas.
Luis García Plaza destaca por su pragmatismo, su solidez defensiva y su habilidad para construir equipos fiables en situaciones adversas. Precisamente ese perfil es el que más seduce en Mestalla, donde la prioridad absoluta es evitar el descenso y recuperar una mínima estabilidad competitiva.
Otro factor clave es su situación actual. El entrenador se encuentra libre y sin equipo, a la espera de una propuesta atractiva, lo que facilitaría una incorporación inmediata sin necesidad de negociaciones complejas. En un contexto de urgencia, esa disponibilidad es un argumento de peso.
En el Valencia saben que el margen de error es mínimo. La permanencia está en serio riesgo y cada decisión cuenta. Corberán sigue en el cargo, pero su continuidad pende de un hilo. Si no hay una reacción inmediata, el club se verá obligado a mover ficha.
Mestalla vuelve a asomarse al abismo y el banquillo se convierte, una vez más, en el epicentro del debate. El tiempo corre y el Valencia necesita una respuesta ya.
