La Liga
El Real Betis, un equipo que ilusionaba a su afición en la fase inicial de la Liga, es criticado actualmente por su imagen y fragilidad. El conjunto verdiblanco figura provisionalmente en la octava posición de la Liga, pero acumula cuatro partidos consecutivos sin ganar frente a rivales de un nivel teóricamente similar o inferior.
El ambiente de crispación resultó evidente este sábado en el estadio Benito Villamarín. La afición exigía más intensidad a los jugadores, pero la bipolaridad del Betis obedece a causas más profundas que la actitud.
El equipo sevillano está construido desde arriba, algo que habitualmente sólo se permiten los clubes más poderosos. El talento y la inversión en fichajes se concentran en la delantera y el centro del campo. Pero un equipo como el Betis debe crecer desde la seguridad defensiva al margen de los beneficios que siempre aportan jugadores virtuosos en posiciones más adelantadas.
Defensivamente, el Betis no es un bloque fiable. Los centrocampistas tienen más talento que sacrificio, y el nivel individual de los defensas es claramente inferior al del resto de la plantilla. Además, la baja de Zouhair Feddal por lesión ha agrandado esta vulnerabilidad.
Por otra parte, Quique Setién es un entrenador de clara vocación ofensiva. Su filosofía es proclive a crear defensas inestables como sucedió en su última temporada en Las Palmas. El margen de mejora del Betis en el aspecto defensivo resulta evidente. El equipo verdiblanco, construido desde arriba, debe reformar sus cimientos.
