La Liga
El Real Betis Balompié ha sido uno de los peores equipos de LaLiga Santander con creces. Su rendimiento paupérrimo ha estado muy por debajo de las expectativas planteadas por la inversión realizada y el plantel construido. Una de las entidades más grandes del país, con unas instalaciones y una afición por encima de muchos equipos, pero que no cuenta con unos dirigentes acordes a esa grandeza que transmitan el sentimiento y la actitud a sus jugadores. Qué van a transmitir, si ni ellos mismos la tienen…
El fracaso deportivo de esta temporada en el Real Betis Balompié tiene nombres y apellidos: Ángel Haro, José Miguel López Catalán y Alexis Trujillo. Estos son los grandes responsables, algo que después deriva en la pésima elección del entrenador y, por tanto, en la falta de motivación y de actitud de los futbolistas. La culpa del primero por ser el presidente que perpetra todo lo que hace mal y favorece al amiguismo en lugar de al profesionalismo, el segundo por su exceso de protagonismo que acabó con el único válido dentro del club, Lorenzo Serra Ferrer, y el tercero por elaborar una plantilla que hace aguas en algunas de las posiciones más claves del terreno de juego (como es el caso de la portería).
Es sencillamente denigrante y vergonzoso que en una entidad de las dimensiones del Real Betis Balompié se antepongan las pataletas personales y el enchufismo (con los hijos), en detrimento de profesionales que se personifican como los únicos en tocar oro durante todo un siglo al completo. Hablando en plata, que tenga más peso en una dirección deportiva el hijo de Catalán en lugar de Serra Ferrer, el mejor entrenador y director deportivo del equipo en el siglo.
Resumen de que tu club (no olvidemos, uno de los más grandes de España) sea un cortijo al antojo de cuatro estómagos agradecidos: no te respetan el resto de clubes, no te respetan los árbitros (visible cada jornada), no te respetan en la Federación, y ni siquiera tus propios jugadores y tu afición creen en el proyecto y en la viabilidad de seguir por el mismo sendero.
La llegada de Manuel Pellegrini y Antonio Cordón debería ser una inyección de ilusión y entusiasmo a toda la afición, pues al menos habrá dos grandes profesionales al frente de los más importante: la confección del equipo y el resultado de juego del mismo. Pero mientras ineptos con ganas de protagonismo sigan queriendo colgarse una medalla que no les pertenece y que nunca alcanzarán, el Betis seguirá siendo una bonita casa de campo que recibe agua sin sentido y donde la mala hierba no se aprecia y crece más y más. Accionistas, actúen.
