La Liga
Zinedine Zidane asumió el cargo de primer entrenador del Real Madrid bajo un halo de desconfianza externa. Su grandeza como jugador era incuestionable, pero su inexperiencia en un banquillo de primer nivel y su discreto bagaje en el Castilla sembraban dudas sobre su idoneidad para el cargo.
La reacción del Real Madrid en la segunda mitad de la Liga fue insuficiente, pero el título de la Liga de Campeones encumbró al francés. Al margen de cuestiones meramente tácticas, Zidane reúne unas cualidades básicas para triunfar en un equipo de la talla del Real Madrid. Posiblemente, las que echó en falta a Benítez unos meses antes.
Zidane es respetado por los jugadores, pero el francés ha forjado su autoridad desde la empatía, no desde la imposición. Y su sencillez no está exenta de carácter, como ha demostrado con sus decisiones. Los millones no influyen en sus alineaciones. Zidane, simplemente, se basa en la meritocracia.
Los beneficiados de esta filosofía han sido jugadores como Casemiro, Marco Asensio y Mariano Díaz. La permanencia de estos dos últimos en la primera plantilla hubiera sido complicada con un entrenador convencional, pero Zidane no pone vallas al talento. Mientras, jugadores como James e Isco, cuyo rendimiento descendió la pasada temporada, se han convertido en suplentes habituales, pero ni el club, ni la afición, ni la prensa lo discuten.
Además, Zidane ha frenado los ímpetus de Florentino Pérez de pagar grandes cantidades por futbolistas innecesarios para la plantilla. La naturalidad de 'Zizou' ha triunfado en el Real Madrid. El jugador ha sabido reconvertirse en entrenador, aunque al francés, como a todos los técnicos, le llegarán días oscuros en su carrera.
