La Liga
Desde que el mercado de fichajes entrase en una espiral de locura transitoria, por la cual los clubes pagan cantidades estratosféricas para hacerse con los servicios de los jugadores, hay una característica que se ha ido perdiendo de forma bastante peligrosa.
Fichajes como el del francés Ousmane Dembélé por el Barcelona por 130 o el del brasileño Vinicius por el Real Madrid a cambio de 45 millones llevan implícita la necesidad de un rendimiento inmediato, ya que lo contrario, se considerará dicha operación como un auténtico fracaso.
Estos fichajes se consideran una inversión muchas veces a largo plazo, especialmente cuando se trata de jugadores jóvenes, y si los clubes no empiezan a entender que la paciencia es la mayor virtud para triunfar, en la mayoría de casos acabarán con la carrera de muchos jugadores que quizás en otro entorno menos hostial hubiesen tenido opciones de alcanzar la cima del fútbol.
