La Liga
El Valencia CF no es una plaza fácil para torear. Si nos ceñimos a los casos de los últimos entrenadores que han llegado a Mestalla, -y hablo desde la distancia, sin ser ni siquiera seguidor del club-, pocos o ninguno han logrado tener una estancia fácil en la entidad ‘ché’. Desde Unai Emery a Voro González, pasando por hombres como Mauricio Pellegrino o Nuno Espíritu Santo, muchos han sido los técnicos que han dejado el vestuario blanquinegro sin poder demostrar el nivel que sí han evidenciado en otros conjuntos.
Las razones las desconozco, -como decía, ni soy aficionado valencianista ni asistente a Mestalla-, pero creo que todos los entrenadores que han pasado en las últimas temporadas por Valencia han vivido la misma presión, la misma exigencia, las mismas críticas y el mismo trato, muchas veces injustificado, por parte de una afición que parece no ser del todo consciente de que su equipo ya no es aquel que en su momento podía luchar por la Liga o por la Champions.
Y es que el tiempo ha demostrado que la gran mayoría de los técnicos que Mestalla pidió que se marcharan han terminado triunfando en otros contextos: Emery en el Sevilla, Nuno en el FC Porto, Pellegrino en el Alavés, Pizzi en Chile o Koeman en el Southampton han sido algunos de los casos más sonados de los últimos cursos.
Y no, no soy nadie para decir cómo debe comportarse el aficionado ‘ché’, pero si una cosa creo tener clara es que el Valencia ha tenido muy buenos entrenadores y que todos han salido con la sensación de no haber gustado a la masa social blanquinegra. Algo que, con el tiempo, ha quedado claro que es contraproducente y nocivo para la entidad.
