La Liga
Siempre he creído que, en el fútbol, hay una cosa que se tiene o no se tiene, y es el talento. Lo atesoran pocos, pues es algo innato, pero quienes lo poseen llevan encima aquella etiqueta de “jugadores diferentes”. Isco Alarcón lo tiene, no lo vamos a descubrir ahora, pero eso no significa que sea un jugador perfecto. De hecho, creo que, sin mejora, el talento no sirve de nada.
Tal y como pudimos ver ayer ante Croacia, el joven crack del Real Madrid completó un partido muy típico en él: estuvo mucho tiempo desaparecido, pero cuando apareció se hizo notar. A diferencia de otros de sus compañeros, -Asensio y Ceballos, por ejemplo-, Isco tardó en dejarse ver. Pero cuando lo hizo, hizo evidente su calidad.
Algo que no es anecdótico, tampoco intrascendente, pues le ocurre muy a menudo. En mi opinión, si Isco quiere llegar a ser el jugador intocable que desea, debe mejorar tres cosas: su discontinuidad en el juego, su entendimiento de éste (sobre todo para aparecer en zonas y momentos donde sea realmente necesario) y su capacidad de trabajo. De lo demás anda sobrado.
