La Liga
Debo reconocer que Tomás Roncero no es santo de mi devoción pero el redactor jefe de la sección del Real Madrid en Diario AS sigue dándome motivos para que mi opinión sobre él no cambie. Llama la atención que alguien de su puesto tenga ciertas actitudes más propias de un aficionado radical y que sus textos estén cargados de partidismo y cero argumentos a la hora de informar. Si yo fuera aficionado del Madrid, leer a Roncero no me produciría ningún tipo de interés. No aporta nada, apenas sabe de lo que habla y se informa cero cuando intenta informar de alguien menos conocido para el público global, como es el caso de Eduardo Camavinga.
Ya saben cómo es la prensa de Madrid. Cuando le dan por un jugador, no lo sueltan hasta que lo han exprimido al máximo. El francés de 17 años es una de las grandes irrupciones del fútbol europeo esta temporada y, cómo no, a los grandes diarios deportivos madridistas les faltó tiempo para situarlo en el radar del equipo blanco. Si por Marca o As fuera, el Madrid ficharía cada verano a diez futbolistas de más de 100 millones, pero ese es otro cantar. Camavinga por aquí, Camavinga por allá. Portadas y más portadas. Da igual que hablen de un jugador para un puesto que tienen más que cubierto y que hablan de un chaval con un perfil que lo que necesita es jugar y curtirse, no chupar banquillo siendo el suplente del jugador que menos rota de la plantilla, Casemiro.
Así pues, Roncero, que hasta hace apenas unas semanas creía que Camavinga era el nombre de un cabecero del Ikea, se sube al carro del francés y habla de él como si le hubiera visto más allá de un vídeo de cuatro minutos en Youtube. En su última columna de opinión, Tomás lo relaciona con Stielike y es que así es este personaje, vive anclado cuarenta años atrás y no es capaz de modernizarse y hablar el lenguaje que puede hacerle encajar con la gente de ahora. Pero aparte de eso, lo mejor es el análisis tan detallado que hace de Camavinga.
"Cuando empezó a hablarse de él, la mayoría dijimos: '¿Este quién es?'", reconoce sin pudor. "Este Camavinga tiene una planta espectacular. Huele a futbolista grande, como me sucedió cuando vi por primera vez a Gullit", añade. Roncero se cruzaría en el Mercadona con Camavinga y no sabría distinguirlo de un rapero. Quiere jugar a ser Maldini cuando no llega ni a Juanma Rodríguez, otro que también tiene lo suyo. 'Camavinga, en la senda de Stielike', firma en el titular. Dentro del texto, un descampado como el Bernabéu de grande.
Los aficionados del Madrid pasan por momentos duros en cuanto a información detallada. Hoy, es Camavinga. Ayer, fue Haaland o Mbappé. Mañana, será el próximo jugador que haga cinco partidos buenos. Con colocarle en una portada, ya será "El nuevo...", seguido de un jugador que haya despuntado recientemente en el Madrid y en nada, Roncero se convertirá automáticamente en su gran descubridor. Así funciona esto. Seguro que Tomás, se quedó encantado con su artículo y lo que nadie sabe es que probablemente, antes de empezar a hacerlo tuvo que buscar si Camavinga se escribía con b o con v.
