La ciudad de Sevilla ha sido protagonista en las últimas horas de decisiones esperpénticas en forma de sanción. En primer lugar, el Sevilla ha sido sancionado después de seis años y la grada tendrá que pagar los ‘platos rotos’ por un acto cometido en 2017 por cánticos inadecuados contra Sergio Ramos en un enfrentamiento con el Real Madrid. Ello conlleva el cierre parcial de la grada frente al Celta, próximo partido del conjunto hispalense. Tres años para las infracciones más graves (caso Negreira) y ahora se sanciona esto seis años después. Incomprensible.
Pero la peor parte se la ha llevado el Real Betis, al que también han sancionado. Concretamente ha sido a Sergio Canales, que tendrá que perderse los cuatro próximos partidos porque el centrocampista verdiblanco declaró que ya tenía una sanción premeditada. Esto ocurrió en el enfrentamiento frente al Valladolid, donde hablaba de la expulsión frente al Cádiz, siendo también un acto de hace meses.
-Los organismos nacionales de fútbol, cada vez más en tela de juicio
Sergio Canales ha sufrido algunas lesiones durante las cuales podría haberse cumplido esta misma sanción, pero se ha decidido que se haga efectiva ahora, por unas declaraciones que, ni mucho menos, son dañinas, sino una simple opinión subjetiva y personal que ha sido perseguida a razón quién sabe de qué.
A Tapia también le cayeron varios partidos por decir “qué prepotencia” al árbitro, mientras que, en otros casos, el estamento arbitral ha hecho la vista gorda. Véase los improperios que Vinicius ha dedicado a los árbitros en reiteradas ocasiones. El brasileño, jugador del Real Madrid, no ha visto sanción. Sin duda, da qué pensar.
Los aficionados del Betis y muchos seguidores ajenos han mostrado su total desacuerdo con esta medida, que será recurrida por el equipo de Pellegrini. Incluso periodistas de fútbol extranjero han manifestado su enorme y negativa sorpresa al conocer la noticia.
Muchos hablan, y no es de extrañar, de que hay gato encerrado, y es que no se entiende que en unos casos sí y otros no. La gente comienza a estar harta, y es lógico, pues tanto la RFEF como La Liga no cesan en su empeño por superar su escarnio público contra ‘el resto’ de los equipos de España.