La Liga
Unai Emery me parece un entrenador descomunal. No sé si por ello dejaré de ser un redactor subjetivo, pero el caso es que el actual entrenador del París Saint-Germain me resulta, con mucha diferencia, uno de los mejores del mundo en su puesto de trabajo. Y no, no lo digo por lo que hizo en Sevilla, -que también-, sino porque su dilatada carrera incluye éxitos como su etapa en Valencia, -desde su salida el equipo ‘ché’ ha ido en caída libre-, así como su inolvidable paso por Almería.
¿Me parecen injustas las críticas que está recibiendo estos días? Por un lado, no. Creo que perder una ventaja de 4-0 en una eliminatoria de Champions, -y habiendo marcado en campo contrario-, es motivo más que suficiente para cargar contra el técnico vasco y contra toda su plantilla. E insisto, contra toda la plantilla. E insisto porque desde la noche del martes me da la impresión que toda la culpa es de Emery. ¿Hace dos semanas era un genio y ahora un técnico al que hay que fusilar? La victoria tiene muchos padres, la derrota sólo uno, que diría aquel.
Sin embargo, no creo que por ello haya que destituirle, como piden muchos. ¿Qué el ridículo es histórico? ¿Qué la debacle no tiene precedentes? ¿Qué el PSG no podría haber caído jamás como cayó? Ahí estamos todos de acuerdo, pienso. No obstante, creo que ello no puede quitar el nivel que tiene Emery como técnico. Sin duda alguna uno de los mejores del mundo, que hizo historia en Nervión y que, de bien seguro, escribirá una página inolvidable en la del conjunto parisino.
