La Liga
El pasado 2 de septiembre, Albert Soler, director de deportes profesionales del FC Barcelona, justificaba en rueda de prensa que el club no hubiera fichado a Philippe Coutinho. “El Liverpool pidió 200 millones y no aceptamos”, sentenció Soler.
La comprensible postura del Barça, sin embargo, no se corresponde con la realidad del Liverpool. El club inglés ha invertido 226 millones de euros en fichajes desde el pasado verano. Y ayer convirtió a Virgil van Dijk en el defensa más caro de la historia al pagar 85 millones al Southampton por su traspaso. En este contexto, que el club de Anfield pida 200 millones por la venta del mediapunta brasileño, uno de los jugadores más desequilibrantes de su equipo, resulta coherente.
El Liverpool traspasó a Luis Suárez al FC Barcelona en el verano de 2014 por 81 millones, pero el mercado ha evolucionado a un ritmo vertiginoso desde entonces. Los clubes de la Premier se han enriquecido más gracias a los derechos televisivos, los jeques han roto barreras económicas para lograr sus fichajes más deseados e incluso el FC Barcelona aceptó pagar hasta 145 millones (incluyendo variables) por Ousmane Dembélé. En esta situación, 200 millones por Coutinho supone una locura para el Barça, pero un precio razonable para el Liverpool.
