La Liga
Algo grande y grave ha pasado en el Real Madrid. Al margen de seguir siendo un club enorme y con opciones en todas las competiciones, el cuadro blanco no da la sensación que daba antaño: de hambre, de ambición, de competitividad interna y externa. Todo lo contrario. Como consecuencia de una serie de decisiones veraniegas, el equipo de Zinedine Zidane es, a día de hoy, un equipo mucho más manso, más plano. Mucho más estéril.
¿Por qué? Obviando aspectos que tienen que ver con la mano de su entrenador, el Real es un equipo debilitado. Las salidas de Morata y James han penalizado mucho al equipo, -recordemos cuánto valor tenía sacar a falta de 20 o 30 minutos a dos cracks como los citados hace un momento-, así como el ‘ascenso’ de algunos otros futbolistas.
Isco Alarcón, por ejemplo, está siendo uno de los mejores jugadores de este Madrid, pero ya no es aquel revulsivo que la temporada anterior cambiaba partidos desde el banquillo. Así como tampoco lo son ni Marco Asensio ni Lucas Vázquez, que aprovechaban sus minutos con auténticas exhibiciones de descaro y agitación.
Seguramente, los problemas del Madrid son otros muchos, y la suma de todos ellos han llevado al equipo a la situación actual, sin embargo, creo no equivocarme cuando digo que los que la campaña anterior agitaban al equipo o no están, o son titulares o han perdido esa chispa. Y los que vinieron para asumir ese rol, no lo están logrando.
