La Liga
Miguel Cardoso ha dejado de ser hace un par de horas el entrenador del Celta de Vigo. Tras la dura derrota sufrida esta mañana en campo del Eibar, el cuadro gallego ha decidido prescindir de los servicios del técnico portugués y anunciar la llegada de Fran Escribá. Una situación que, por desgracia, empieza a ser normal en Balaídos.
Pese a contar con una plantilla como para aspirar a algo más que a la permanencia y a pesar de tener el decimotercer presupuesto de Primera División, el Celta lleva varias temporadas sin rumbo ni control. Desde la salida de Berizzo en 2017 el conjunto celeste no ha terminado de encontrar a quien le haga el peso: Juan Carlos Unzué aguantó toda la temporada pasada pero fue destituido en verano, la presente campaña la empezó Antonio Mohamed pero fue fulminado a mediados de noviembre. Y hoy Cardoso.
Una situación para la que yo no tengo explicación, pero que no por ello deja de ser curiosa y noticiable. Pese a contar con muy buenos futbolistas, el cuadro gallego lleva prácticamente dos años sin dar con la tecla y cargándose entrenadores. Quizás el problema no está precisamente en el banquillo, pero no lo sé, pues los integrantes del vestuario vigués tienen bastante nivel.
