La Liga
El Real Betis Balompié decidió apostar por Gustavo Poyet como cabeza visible de un proyecto que aspira a consolidarse en Primera División y crecer notablemente a medio plazo.
La figura del uruguayo como líder del banquillo creaba ciertas dudas por su escaso bagaje como entrenador en Inglaterra y Grecia. Y durante las primeras jornadas de la Liga, el Betis ha mostrado altibajos en su rendimiento, pero ha conquistado ocho puntos que le sitúan en décima posición, a pesar de haber sufrido algunos errores arbitrales determinantes.
Pero al margen de cuestiones técnicas y tácticas, el carácter fuerte y pasional de Poyet se identifica con el del beticismo. El uruguayo es uno de esos hombres que contagia a la grada y a los futbolistas, creando una simbiosis muy valiosa a largo plazo.
En su etapa como futbolista, especialmente en el Real Zaragoza y el Chelsea, Poyet fue un jugador tácticamente inteligente en el desmarque y muy oportuno en sus llegadas al área rival. Ahora, el uruguayo traslada estas virtudes tácticas al banquillo con el carácter ganador que mostró vestido de corto. Los resultados dan y quitan razones en el fútbol, pero el Betis necesitaba carácter, temperamento e ilusión. Exactamente, lo que siempre ha tenido Gustavo Poyet.
