Premier League
La Superliga china vuelve a llamar la atención del fútbol mundial por las cifras que sus equipos pagan en traspasos y salarios. El interés de la competición, sin embargo, es muy diferente.
La competición china se ha convertido en un plan de pensiones para futbolistas de otros países. Jugadores que sacrifican su prestigio deportivo por contratos que igualan o superan los de estrellas de primer nivel mundial que compiten en Europa.
El brasileño Óscar es el último de la lista. Deja el Chelsea por el Shanghái SIPG, donde cobrará 470.000 euros al mes. Anteriormente, Ezequiel Lavezzi abandonó el PSG por el Hebei China Fortune, donde ganará 53 millones de euros en dos años. Hulk, Álex Teixeira y Jackson Martínez suponen otros ejemplos de jugadores que sacrificaron su prestigio deportivo en la plenitud de su carrera, atraídos por las desorbitantes cifras de China.
La capacidad de esta competición de desestabilizar a los grandes equipos europeos en el futuro es una incógnita. Al margen de la inversión privada, la ‘locura china’ se fundamenta en el apoyo del Gobierno mediante multimillonarias subvenciones a los clubes que requieren una supervisión de la FIFA. Mientras el organismo internacional mira ‘con lupa’ las subvenciones públicas en el fútbol europeo y se muestra rígido con el ‘Fair Play’ financiero de los clubes, el dinero público utilizado en los equipos chinos crea una competencia desleal a nivel mundial. Afortunadamente, la mayoría de estrellas todavía priorizan la gloria sobre el dinero.
