La Liga
Philippe Coutinho no es feliz en el FC Barcelona. No hace falta que lo diga, ni siquiera hablarlo con él, basta con verle jugar. No le juzgo ni mucho menos critico su fichaje, pues me parece un futbolista espectacular y un tremendo refuerzo para el conjunto azulgrana, pero las entrañas del cerebro humano son incontrolables, y queda claro que en este momento nos están mostrando la peor cara del internacional brasileño: la de un jugador triste y apagado.
Resignación, decepción y una descomposición paulatina pero constante que está haciendo de Coutinho un futbolista vulgar. Repito, su fichaje me pareció espectacular y era de los que pensaba que nada podía fallar, -160 millones por él fue una locura pero era el precio que marcaba el mercado y él no tenía la culpa-, pero la realidad es la que es y reza que cada semana que pasa el ex del Liverpool es un atacante menos productivo.
Lo que preocupa, sin embargo, no es su momento de forma, -todos los cracks, al fin y al cabo, pasan por estados de menos inspiración-, sino su sensación de estar en mitad de un laberinto del que jamás va a poder salir. Mantengo que es un crack de primer nivel y que lo tiene todo para triunfar en el Barça, pero o recupera la confianza y empieza a no restar o, si vuelve Dembélé, Coutinho terminará de hundirse.
