La Liga
El Real Oviedo atraviesa uno de los momentos más delicados desde que logró regresar a Primera División tras más de dos décadas de ausencia. Lo que debía ser una temporada de consolidación en la élite se ha convertido rápidamente en un ejercicio de supervivencia, marcado por decisiones precipitadas desde los despachos y una preocupante falta de rumbo deportivo.
La sensación que rodea al Real Oviedo es que el club no ha sabido gestionar ni los tiempos ni el contexto tras el ascenso. La presión por competir al máximo nivel desde el primer momento ha terminado derivando en una cadena de errores que hoy tienen al equipo al borde del precipicio, aunque todavía reste mucha temporada por delante para reaccionar.
El Real Oviedo y el error inicial que lo cambió todo
El primer gran punto de inflexión en la temporada del Real Oviedo llegó con la destitución de Veljko Paunovic. El técnico serbio no solo fue el artífice del ascenso, sino que además había conseguido mantener al equipo fuera de los puestos de descenso en las primeras jornadas de Primera División. A pesar de ello, la directiva consideró que el rendimiento podía ser superior y optó por cortar de raíz un proceso que aún estaba en fase de adaptación a la categoría.
Esta decisión, vista con perspectiva, ha resultado especialmente dañina. El vestuario perdió estabilidad, el mensaje deportivo se diluyó y el club quedó expuesto a una presión que no supo manejar. El Real Oviedo pasó de tener un proyecto reconocible a moverse por impulsos, algo que suele pagarse caro en la máxima categoría.

Luis Carrión, una apuesta fallida que agravó la crisis
Tras la salida de Paunovic, la directiva apostó por Luis Carrión, una elección que ya nacía envuelta en polémica. El entrenador había dirigido al Real Oviedo la temporada anterior y su salida no dejó buen recuerdo en la afición, que recibió su regreso con frialdad y desconfianza. Desde el primer día, el ambiente fue tenso y el margen de paciencia prácticamente inexistente.
En lo deportivo, los números no hicieron más que confirmar los peores presagios. Luis Carrión tomó al equipo fuera de los puestos de descenso y, tras una serie de resultados muy negativos, lo dejó hundido en la última posición de la tabla. El conjunto carbayón perdió identidad, solidez y competitividad, lo que desembocó en una destitución inevitable en apenas unas semanas. El Real Oviedo, en pleno diciembre, ya había quemado a dos entrenadores y entraba en una dinámica extremadamente peligrosa.
Guillermo Almada se enfría y Luis García Plaza toma ventaja
Con la salida de Luis Carrión, el Real Oviedo se enfrenta ahora al reto de nombrar a su tercer entrenador de la temporada. Durante varios días, el nombre de Guillermo Almada fue el que más fuerza tomó, principalmente por su buena relación con la directiva. Sin embargo, su pobre rendimiento reciente en Segunda División con el Real Valladolid y las dudas sobre su capacidad para revertir una situación tan crítica han enfriado los contactos en las últimas horas.
En este contexto, ha emergido con fuerza la figura de Luis García Plaza, un técnico con un perfil muy distinto y ampliamente contrastado en el fútbol español. El exentrenador del Alavés destaca por su capacidad para competir en escenarios adversos, ordenar equipos en situaciones límite y sacar rendimiento inmediato, justo lo que ahora necesita el Real Oviedo. A día de hoy, es el gran favorito para asumir el cargo, con la misión clara de salvar la categoría y devolver estabilidad a un club que se ha acostumbrado demasiado pronto al caos.
