El pasado viernes, mientras el FC Barcelona presentaba a Nélson Semedo, el AC Milan daba la bienvenida a Leonardo Bonucci. Dos operaciones en países distintos y con perfiles diferentes, pero con unos precios que permiten la comparación y el debate. El club azulgrana pagaba 30 millones por Semedo, que pueden aumentar a 35 en función de variables, mientras el Milan se comprometía a abonar 42 millones por Bonucci en un plazo de tres años.
Desde que finalizó la pasada temporada, el Barça busca refuerzos de primer nivel por un precio razonable, una combinación cada vez más difícil de encontrar en el mercado. Y los problemas de Bonucci en la Juventus han ofrecido esta oportunidad que el Milan ha aprovechado.
El central italiano, que cumplió 30 años en mayo, supone una garantía a medio plazo en su posición. Junto a Giorgio Chiellini, Bonucci ha sido el estandarte de unas de las defensas más impenetrables de Europa. Responde al prototipo de central contundente y férreo en el marcaje, pero también maneja el balón con criterio.
Además de las evidentes carencias del Barça en el centro del campo durante la pasada temporada, el conjunto azulgrana acusó una fragilidad defensiva que resultó especialmente evidente en sus visitas a París y Turín. Gerard Piqué, Samuel Umtiti y Javier Mascherano cumplen el primer mandamiento de un central del FC Barcelona: dar una buena salida al balón. Sin embargo, sus virtudes en el marcaje están lejos de ser sobresalientes.
Bonucci permitía cubrir esta carencia en la contundencia defensiva y el marcaje por un precio razonable. Sin embargo, los responsables de la parcela deportiva del club consideraron hace tiempo que el fichaje de un lateral derecho era más necesario que el de un defensa central. El tiempo dirá si Semedo mejora a Sergi Roberto y Aleix Vidal en esta posición. Bonucci ofrecía más certezas que incógnitas por un precio ligeramente superior al del portugués y la posibilidad de cubrir una carencia estructural que el FC Barcelona sufre desde la marcha de Carles Puyol.