El Madrid vuelve a ser ese caballo blanco que cabalga con zancada lustrosa. No hace mucho, no era más que un potro desbocado y sin rumbo, pero Zidane ha vuelto a ser el jinete perfecto para retomar las riendas de un club que vuelve a tener identidad.
Este es un Madrid distinto, que presume más de su sobriedad que de su pegada. El preparador francés ha ido reconstruyendo su nueva obra desde la defensa, devolviendo la confianza a jugadores que la habían perdido y recuperando la mejor versión de una plantilla en la que todos se sienten protagonistas.
Courtois ha pasado de no parar los trenes a parar hasta las canicas, siendo candidato firme al Zamora de la liga. Varane presume al fin de una salud de hierro y de una continuidad que jamás había mostrado, formando con Ramos la mejor pareja de centrales del momento. Mendy ha cerrado la hemorragia en el lateral zurdo y cada vez se anima más en ataque, mientras que Carvajal disfruta de un momento dulce y vuelve a ser un puñal por la derecha.
A partir de ahí, el Madrid tiene múltiples registros como demostró en el derbi. Puede apostar por cinco centrocampistas o buscar más profundidad con fijadores y encaradores que asistan a Benzemá. Valverde y Casemiro son un arma de incalculable valor para el equipo, que todavía está a la espera de la dosis extra de calidad que aporte Hazard.
Zidane ha sido el autor de esta máquina que no arrolla pero nunca se frena. Un alineador que es capaz de hacer dos cambios al descanso que cambian un derbi. La flor que nunca se marchita y el entrenador perfecto para el Real Madrid, como ha vuelto a demostrar.