Claudio Bravo debía haberse imaginado millones de veces su regreso al Camp Nou, desde que en pleno verano se confirmara el cruce europeo entre el FC Barcelona y el Manchester City. Su vuelta a casa, más allá de significar el retorno de un gran portero culé, no estaba exenta de morbo. Por un lado, dos rivales como Bravo y Ter Stegen se veían las caras por primera vez; por el otro, significaba el “debut” del chileno en Champions y en casa, donde siempre jugó el alemán.
Y la verdad, más que el regreso soñado, fue una auténtica pesadilla. Al exguardameta azulgrana no le salió nada, absolutamente nada, de lo ideado e imaginado. Para empezar, recibió un tanto de Messi que le dejó sentado, retratado, evidenciado, ante la superioridad del argentino. Minutos después, en un grave error en salida de balón, Bravo impediría el gol de Suárez desde fuera del área y vería la tarjeta roja directa.
Pero, por si no fuera poco, el internacional con Chile tuvo que ver y soportar como su gran enemigo, Marc André ter Stegen, cuajaba una de las actuaciones de su carrera. Varios paradones que empujarían al Camp Nou no sólo a ovacionarle, sino también a corear su nombre. La noche de Ter Stegen, la gran derrota de Bravo.