UEFA Champions League
En el fútbol contemporáneo, la importancia del aspecto físico se ha elevado a un nivel sin precedentes. Ya no es suficiente con tener habilidades tácticas y técnicas excepcionales; la condición física se ha convertido en un factor determinante en el rendimiento de un jugador. Un ejemplo palpable de esta realidad es el caso de Tanguy Ndombele, quien desde su llegada al Galatasaray en calidad de cedido desde el Tottenham, ha enfrentado desafíos considerables relacionados con su peso.
Cuando Ndombele llegó a Estambul, su peso era de 82 kilogramos, un número que superaba lo deseado por su entrenador, Okan Buruk, quien esperaba que el mediocentro de 1,81 metros mantuviera un peso de alrededor de 75 kilogramos. Esta diferencia de peso ha llamado la atención y ha generado preocupación en el cuerpo técnico del Galatasaray.
Según informes de medios como Fotospor, la actitud de Ndombele en el campo dejó mucho que desear durante un partido en el que entró desde el banquillo a falta de 10 minutos. Esta actuación deficiente desencadenó una conversación seria entre el jugador y su entrenador. Se supo que Ndombele no solo mostraba falta de apetito en el campo, sino que también la comida basura, como hamburguesas, patatas fritas y refrescos con gas, estaba desempeñando un papel importante en su dieta fuera del terreno de juego.
Apartado hasta nueva orden
Ante esta situación, Okan Buruk tomó medidas drásticas. Se reunió con Ndombele y le comunicó que no sería convocado para el próximo partido de liga y que no jugaría hasta que lograra bajar de peso y reducir su grasa corporal. El seguimiento del jugador se ha intensificado mientras permanece en las instalaciones del Galatasaray, pero parece que cuando está fuera, se relaja en cuanto a sus hábitos alimenticios.
