Premier League
Cuando ayer comencé a ver la Supercopa de Francia entre el AS Mónaco y el París Saint-Germain lo hice imaginándome que el conjunto de Unai Emery atropellaría al de Leonardo Jardim. Salidas como las de Bernardo Silva, Benjamin Mendy, Timemoué Bakayoko, Nabil Dirar y Valère Germain, entre otros, no podían suplirse así como así. Sin embargo, el conjunto del Principado jugó un encuentro mayúsculo, a pesar de terminar cediendo por la mínima.
Con dos de los varios fichajes veraniegos en el once titular, -Kongolo como lateral zurdo en el lugar de Mendy y con Tielemans como mediocentro en el de Bakayoko-, el conjunto monegasco presentó una cara algo distinta, aunque igual de competitiva que el curso pasado: algo más de orden en defensa, más pausa y elaboración en el ataque organizado y la misma verticalidad en el frente atacante.
Sin embargo, más sorprendente fue la decisión de Jardim de situar a Sidibé por delante de Almamy Touré. Habitual lateral derecho monegasco, el futbolista pretendido por el Barça fue el elegido por el técnico luso para que dotara al equipo de aquella profundidad que, sin Dirar ni Silva, habían perdido. Y le salió de diez, pues el internacional francés anotó el golazo que hizo soñar, durante unos minutos, a la afición del Principado. Si se marcha Mbappé ya será otra cosa, pero este Mónaco no deja de sorprendernos.
