La Liga
Zinedine Zidane lo tuvo más claro que nadie: ésta era la temporada para dejar el Real Madrid. No tengo ni idea de si conocía de antemano los planes de Cristiano Ronaldo o si, sencillamente, tuvo un mal augurio, pero la realidad es que acertó de lleno. Tras ganar tres Champions seguidas decidió hacer las maletas porque veía imposible sacarle más a la presente plantilla. Y dio en el clavo.
Tal y como declaró en su momento Simeone, todo equipo necesita renovarse cada verano. No 15 caras nuevas, pero sí 2 o 3 jugadores que vengan con hambre, con ganas de quitarle el sitio a otro, de ganar como nunca han ganado en su vida. Algo que en el Madrid no ha pasado, pues no sólo no ha llegado nadie con ambición suficiente para ser titular… sino que además se ha ido el mejor.
La misión de Lopetegui en Chamartín era complicada, por no decir imposible. Sin Cristiano, con cracks cansados por el Mundial, saciados de títulos y sin fichajes de peso, el técnico vasco tenía el difícil reto de mantener la exigencia y el nivel… sin nada que le acompañase. No le juzgo, pero es que lo sabíamos todos: su muerte estaba más que anunciada.
