La Liga
29 años y un pasado ligeramente desconocido. De mirada seria pese a su rostro todavía juvenil. Es un niño que decidió crecer antes que el resto. Un entrenador precoz, con unos inicios de mucho trabajo, un presente ilusionante y un futuro aún por escribir. Julian Nagelsmann es el hombre de moda en la Bundesliga pese a no llegar a la treintena. Su Hoffenheim, con un fútbol de ensueño, es tercero a cuatro puntos del líder, el Bayern de Múnich. Es un milagro, su particular milagro.
Cuando el Hoffenheim decidió echar la temporada pasada a Gisdol, consecuencia de los malos resultados del equipo, valoraron la posibilidad de darle las riendas a Nagelsmann, un joven y precoz técnico que estaba trabajando de maravilla en el filial. Sin embargo, sabedores de su futuro, apostaron por no quemarle, aunque ello pudiera suponer el descenso del equipo. Apostaron por Stevens, pero no salió bien y el entonces entrenador del ‘Hoffe’ dimitió culpa de unos problemas cardíacos. No había otra: tocaba jugarse el futuro del bloque teutón con un chico de 28 años al frente.
Y lo consiguió. Vaya si lo consiguió. Pese a coger el Hoffenheim penúltimo, en febrero y a 7 puntos de la salvación, el joven entrenador del filial logró la hazaña de salvar, con cierta soltura, al conjunto germano. Dirigió 13 partidos y logró ganar 7. Fue entonces cuando la directiva lo tuvo más claro que nunca: Julian cogería las riendas del equipo la próxima temporada en Primera División.
El resultado no ha podido ser más espectacular. El modesto conjunto alemán es tercero de la Bundesliga con 20 puntos de 30 disputados, cuatro menos que el todopoderoso Bayern, tras haber ganado 5 y empatado otros 5. Sin embargo, no son sólo las victorias lo que están haciendo de este Hoffenheim un equipo especial, sino también su juego. Con un 1-3-5-2 tan dinámico como voluble, el bloque de Nagelsmann está siendo capaz de controlar los partidos y de dominar todos los registros habidos y por haber. Y todo ello sin olvidar que su técnico tiene sólo 29 años. El camino que le espera por delante es imprevisible, pero tremendamente ilusionante.
