Cuando determinados medios afines al Madrid y su ala presidencial abren el ventilador contra alguien, se puede iniciar oficialmente su cuenta atrás. Zidane parecía ser un perfil impune a este tipo de prácticas, pero al primer varapalo europeo los dardos también se han dirigido hacia él, dejando en el olvido su pasado exitoso y su retorno triunfal, que hace pocos meses era vitoreado precisamente en los mismos foros donde hoy se ha iniciado su destrucción indiscriminada.
Ya pasó anteriormente con otros muchos entrenadores; Benítez no tenía tacto, Lopetegui era un cabezón relegando a Vinicius al filial, Solari se acabó pegando un tiro en el pie confiando en un mismo once y ahora es Zidane a quién le viene grande el banquillo del Bernabéu. O eso dicen.
Tras la debacle en París, se ha vulgarizado su conocimiento táctico, se le ha acusado de no tener capacidad de reacción, de mala planificación deportiva, de nula preparación física, de dar días de descanso a sus jugadores y un largo etcétera que sin embargo sólo es el principio si la mala racha sigue en Sevilla.
Es cierto que desde que retomó los mandos de la nave blanca ha tomado algunas decisiones dudosas, especialmente en lo relativo a la confección de un centro del campo que a todas luces cuenta con efectivos insuficientes. La pretemporada fue horrible, el inicio de liga ha dejado dudas y el debut europeo no ha podido ser peor, un cóctel que en el Madrid es inaguantable, más viniendo de una temporada en blanco y tirada en el mes de febrero.
Pese a que hay muchos argumentos que hacen entendible la crítica a Zidane, no parece entendible que ésta sea tan despiadada por parte de aquellos que no hace mucho le endiosaban por cada decisión e incluso por el mero hecho de sonreír.
Ahora resulta que Zidane ganó tres champions gracias a Cristiano y su flor, un mantra que se repetirá mientras se prepara el terreno para la vuelta de Mourinho y se aleja el foto deonde interesa alejarlo. Escuchando algunas opiniones, no hace falta ser futurólogo para saber cuál será el devenir del Madrid, un club que engulle entrenadores y vive del presente de una forma aterradora.