La selección española venció ayer a Suiza (1-0) en el tercer partido que disputa este año de la UEFA Nations League. El equipo que dirige Luis Enrique presentó un equipo que, poco a poco, va introduciendo nuevas piezas jóvenes. Con un estilo de juego basado en la presión, la nueva ‘Roja’ sigue apostando por tener el balón, aunque rechaza esas posesiones larguísimas que tenía de antaño. El cambio de ciclo ya está aquí y es lo mejor que podía haberle pasado al combinado nacional.
Desde la Eurocopa de 2012, la selección española ha estado sumida en una crisis de jugadores y de juego. En el Mundial de Brasil 2014 no pasó la fase de grupo, en la Eurocopa de Francia 2016 se quedó en octavos y en el Mundial de Rusia 2018 lo reeditó. Resultados muy alejados de aquellos tres títulos que logró la selección de forma simultánea.
Y es que, aunque haya piezas que repitan participación desde hace años – como ocurre con Sergio Ramos – Luis Enrique ha empezado a introducir jóvenes futbolistas. Ayer, partieron de inicio hasta siete jugadores que no superaban los 25 años. Algo que también sucedía en el banquillo, donde la mitad de ellos – seis de doce – no rebasaba dicha barrera.
Por si fuera poco, aquel prolífico estilo del ‘tiki-taka’ ha sido sustituido por una presión intensa en las líneas de arriba. La selección ya no busca sobar el balón y, aunque no reniegue de él, – 61% de posesión ante Suiza – apuesta por un fútbol más directo. Los datos están ahí, al igual que los nombres. Ansu Fati comienza a ser la cabeza visible de un nuevo equipo que, por fin, tiene un rumbo claro tras años de naufragio.