La Liga
En el Real Betis Balompié, muchas de las decisiones que se siguen tomando son bastante difíciles de comprender. Desde que Serra Ferrer dejara la entidad verdiblanca, la dirección deportiva que ahora comanda López Catalán se ha convertido en un despropósito que cada semana se nota sobre el terreno de juego. A la conformación de una plantilla descompensada en algunas posiciones clave como el mediocampista defensivo, hay que añadir ahora una política de renovaciones como mínimo, difícil de entender. La de Andrés Guardado es sólo una más.
A la del mexicano, hay que añadir las renovaciones ya realizadas de Francis y Javi García, dos futbolistas que no cuentan para Rubi y que tienen las horas contadas en la disciplina bética. La de Andrés Guardado es una situación diferente, pero a mi modo de ver, también criticable. Las razones que responden a esta renovación son únicamente dos: 1) Los negocios aperturistas a los que está ingresando el Betis como marca de club, positivos para la imagen y reconocimiento del club (extradeportivo) y 2) La necesidad de contar con jugadores experimentados, con galones y actitud.
Deportivamente, la renovación no tiene por donde cogerla. A sus 33 años, el rendimiento del polivalente jugador mexicano ha decaído de manera brutal hasta el punto de que ha sido uno de los jugadores más señalados en el mejorable comienzo de la temporada bética. Mientras tanto, otros jugadores en la plantilla como Aïssa Mandi, con varios pretendientes en las mejores ligas europeas, siguen sin conocer si extenderán su contrato con el club de la capital andaluza.
