El Betis afronta con incertidumbre su vuelta a los terrenos de juego. El equipo de Rubi se marchó al forzado parón por coronavirus tras vencer al Real Madrid en el Villamarín (2-1) tras un encuentro memorable. La victoria puso fin a una racha de siete partidos oficiales – seis de liga – sin conocer la victoria. Un resultado balsámico, pero que llegó en el mejor, y a la vez peor, momento para hacerlo: justo antes del ya mencionado parón y del derbi contra el Sevilla.
El conjunto verdiblanco es ahora mismo duodécimo en la clasificación de LaLiga con 33 puntos. En este mismo instante, se encuentra a doce puntos de Europa y ocho puntos por encima del descenso. Es decir, en tierra de nadie. Su posición le hace ser uno de los equipos con menos responsabilidad de toda la competición. Cuanto antes se alcance la cifra de los 40 puntos, mejor.
Y es que es la segunda temporada en la que un equipo con aspiraciones a copar los puestos europeos se queda sin nada. El año pasado con Setién se notó la carga extra de esfuerzo que suponía disputar la Europa League, pero en esta campaña no ha habido ninguna excusa. El Betis comenzará a disputar de nuevo LaLiga el próximo 11 de junio y lo hará con algo parecido una final ante el eterno rival.
Por eso, y ante la falta de un objetivo marcado, al Betis se le presenta la oportunidad de ganar en el Sánchez Pizjuán para acrecentar los ánimos y complicarle la vida al Sevilla. A partir de ahí, al conjunto bético tan solo le quedará como choque de alturas visitar al Atlético de Madrid en la antepenúltima jornada de liga. Pocos incentivos, aunque suficientes, para que desde las oficinas del final de la Palmera comiencen a preparar con ahínco la próxima temporada, para ilusionar a toda la afición verdiblanca.