Un dato demoledor pone en evidencia el rendimiento y la incidencia de Griezmann con el Barça en estos primeros partidos de la temporada. El francés no ha realizado ningún disparo a portería en sus cuatro partidos como visitante, en los que el Barça no ha conseguido ganar.
Son sólo cuatro partidos, pero en ellos no ha estado Messi y la responsabilidad ofensiva debía recaer en la otra pieza del tridente de la que se espera capacidad decisoria. Se puede hablar de un tiempo para acoplarse a su nuevo equipo y a su nuevo rol, pero lo cierto que es las sensaciones del francés no son las mejores, brillando sólo en el partido contra el Betis que ahora parece más un destello que otra cosa.
Antoine Griezmann es un jugador total, que puede aportar al Barça capacidad de asociación, dominio de los partidos y no está exento de gol, como demuestran sus cifras en el Atlético. Además, tiene una capacidad de sacrificio para apoyar en defensa que Valverde valora mucho y a buen seguro será importante en el tramo decisivo de temporada.
Todavía no ha jugado un partido entero con Messi, por lo que hablamos de un Barça incompleto, pero se puede empezar a analizar el motivo por el que Antoine Griezmann ha tenido hasta ahora una escasa incidencia con el Barça. Más allá de su posición (ha estado perdido algún partido como falso nueve), en su nuevo club se suele encontrar planteamientos rivales muy diferentes a los que estaba acostumbrado en el Metropolitano. Al Barça los equipos se le repliegan y le muerden, un ecosistema donde Griezmann acusa su falta de desborde, ya que no es un jugador que destaque por desequilibrar en velocidad o en el regate.
Además, Griezmann necesita mucho contacto con el balón y en el Bará todavía no le están encontrando todo lo que sería de esperar. No hay química con los laterales cuando se incorporan y se le ve algo encorsetado y sin poder moverse por una zona ancha del ataque como a él le gusta. Es pronto, pero también es lícito hacerse la pregunta. ¿Debería el Barça haber fichado a Griezmann?