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Uruguay se marcha del Mundial por la puerta de atrás. La selección charrúa, una de las candidatas a pelear por un papel importante en el torneo, ha quedado eliminada a las primeras de cambio después de una fase de grupos muy decepcionante. El golpe es todavía más duro por el contexto: compartía grupo con España, Cabo Verde y Arabia Saudí, y tenía margen incluso para clasificarse como una de las mejores terceras. Todas las noticias sobre el Mundial.
Nada de eso fue suficiente. Uruguay empató ante Cabo Verde, volvió a dejarse puntos frente a Arabia Saudí y acabó cayendo contra España en la última jornada. Tres partidos, demasiadas dudas y una eliminación que ya busca responsables. El nombre más señalado es el de Fernando Muslera, protagonista negativo de una fase de grupos que terminó en desastre.
Uruguay cae en un grupo que parecía asequible: Marcelo Bielsa señala a Fernando Muslera como el máximo culpable
La eliminación de Uruguay es una de las grandes sorpresas del Mundial. El equipo de Marcelo Bielsa partía con una plantilla competitiva, jugadores importantes en Europa y una generación con talento suficiente para superar la fase de grupos sin tantos problemas. El formato del torneo, además, ofrecía una vía de escape: ocho de las doce terceras clasificadas avanzaban a la siguiente ronda.
Por eso el fracaso duele más. Uruguay no necesitaba una fase perfecta. Le bastaba con competir bien, ganar uno de los partidos ante rivales teóricamente inferiores y sostenerse frente a España. Sin embargo, la selección charrúa nunca encontró continuidad, seguridad ni la contundencia que históricamente ha definido a su fútbol.
Los empates ante Cabo Verde y Arabia Saudí dejaron tocado al equipo antes de la última jornada. Uruguay llegó al partido contra España con la obligación de reaccionar, pero volvió a mostrar fragilidad defensiva y falta de claridad en los momentos clave. La derrota terminó de sellar una eliminación que parecía impensable antes de que arrancara el torneo.
El vestuario queda tocado, Bielsa queda cuestionado y Muslera aparece como el gran señalado.
Fernando Muslera llegó al Mundial envuelto en una historia de regreso. A sus 40 años, el veterano portero se había ganado un hueco en la convocatoria después de una gran temporada en Argentina con Estudiantes de La Plata. Su rendimiento a nivel de clubes convenció a Marcelo Bielsa, pese a que no había tenido minutos durante los partidos clasificatorios para el Mundial.
La apuesta, sin embargo, salió mal. Muslera no transmitió seguridad en la fase de grupos y sus errores pesaron demasiado en el destino de Uruguay. El arquero mostró carencias en acciones puntuales que terminaron siendo decisivas, especialmente en los goles recibidos ante Cabo Verde y en el tanto de la victoria de España.
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En un torneo corto, los detalles tienen un valor enorme. Y Uruguay pagó cada fallo con un precio altísimo. Muslera, por experiencia y trayectoria, debía ser un elemento de estabilidad. El problema es que terminó generando justo lo contrario: dudas, nerviosismo y la sensación de que la portería no estaba protegida como necesitaba el equipo.
La imagen del veterano guardameta quedó muy dañada. Su Mundial no fue el de un líder capaz de sostener a la selección, sino el de un portero superado por la exigencia del escenario.
Marcelo Bielsa también queda bajo el foco. El seleccionador apostó por Muslera desde el inicio y mantuvo su confianza pese a las dudas que ya habían aparecido en los dos primeros partidos. La decisión de sustituirlo al descanso frente a España fue una señal evidente de que algo no funcionaba, pero para entonces el daño ya estaba hecho.
El cambio llegó tarde. Uruguay necesitaba una reacción inmediata y una portería segura desde el primer minuto de la última jornada. En lugar de eso, volvió a encontrarse con errores que condicionaron el partido y terminaron dejando al equipo sin margen de respuesta.
Bielsa tendrá que explicar por qué sostuvo una apuesta tan arriesgada. Muslera tenía experiencia, liderazgo y una trayectoria enorme, pero también llegaba al torneo con 40 años y sin haber participado en la fase clasificatoria. Esa falta de continuidad con la selección era un factor que no podía pasar desapercibido.
El técnico argentino siempre ha sido fiel a sus ideas, pero esta vez su decisión en la portería puede marcar todo el análisis del fracaso. Uruguay no cayó solo por Muslera, pero sus errores fueron demasiado visibles como para quedar en segundo plano.
Uruguay se va del Mundial con una sensación de oportunidad perdida. Tenía grupo, plantilla y formato para avanzar de ronda. No lo hizo. La selección charrúa no fue capaz de imponerse a Cabo Verde ni a Arabia Saudí, y cuando llegó el momento de la verdad contra España, tampoco encontró la respuesta necesaria.
El fracaso obliga a una reflexión profunda. Hay jugadores con peso que no estuvieron a la altura, decisiones técnicas discutibles y una falta de contundencia impropia de una selección que siempre ha construido su identidad desde la competitividad. Pero la portería se lleva buena parte de la crítica.
Fernando Muslera queda como el gran señalado de una eliminación dolorosa. Su regreso al gran escenario terminó convertido en una pesadilla. Lo que parecía una historia de veteranía y recompensa por su temporada en Estudiantes acabó siendo uno de los puntos más débiles del equipo.
Uruguay tendrá que reconstruirse tras un golpe durísimo. El Mundial se acaba demasiado pronto para una selección que aspiraba a mucho más y que no pudo superar ni una fase de grupos que parecía perfectamente manejable. La caída deja nombres propios, decisiones discutidas y una conclusión evidente: el desastre charrúa se empezó a escribir en la portería.
