La Liga
Nadie discute el buen hacer de Zinedine Zidane en sus primeros meses como técnico del Real Madrid. Desde la llegada del entrenador galo, el conjunto blanco es otro. Ha recuperado la confianza, la dinámica ganadora y, al fin y al cabo, la senda victoriosa. ¿Qué ha hecho Zizou que muy probablemente no hicieron anteriores técnicos? Entender a los jugadores, darles el trato que a él le hubiera gustado. Y se los ha ganado.
¿Significa eso que Zidane ha revolucionado al Real o que tenemos delante a uno de los técnicos con mayor potencial del planeta? No, como mínimo no hay nada que invite a pensarlo. La labor del exfutbolista madridista en la capital es indiscutible, los jugadores le admiran y quieren contentarle cómo sea, pero en ningún caso Zizou ha revolucionado el juego del Madrid.
¿Qué le falta al Madrid? Precisamente fútbol, algo de complejidad en su modelo de juego, capacidad para ofrecer soluciones a un contexto tan variante como difícilmente previsible. ¿Es eso una crítica a Zinedine Zidane? Todo lo contrario, su habilidad para sacar el máximo rendimiento de una plantilla de escándalo es admirable, pero en ningún caso podemos decir que sea el Madrid un bloque con un sello de identidad ejecutado a la perfección como podían tenerlo el Barça de Guardiola, el Inter de Mourinho o el Milán de Capello, por ejemplo.
Al Madrid le falta definir un estilo con el que aplastar a sus rivales, una filosofía con la que avasallar a sus adversarios desde el dominio y el sometimiento. Al Madrid le sobra fiarlo todo a los arreones de la BBC, de Marcelo y de Modric, entre otros. Porque sí, a efectos inmediatos es un plan complicado de contrarrestar, pero con el paso de los meses llegarán equipos mucho mejor preparados de los vistos hasta el momento. Y entonces, el Real de Zidane, sufrirá.
