La Liga
Neto Murara es desde ayer por la mañana nuevo portero del FC Barcelona. En un acuerdo tan esperado como peculiar, el hasta hace nada guardameta titular del Valencia CF aterrizó en el Camp Nou a cambio de 26 millones de euros más 9 en variables. Justo el día después de que Jasper Cillessen aterrizara en Mestalla por exactamente la misma cantidad: 35 ‘kilos’. ¿Casualidad? Para nada.
Por mucho que ambas partes lo nieguen, la operación entre Barça y Valencia es un claro ejemplo de intercambio de jugadores, con el añadido de que los dos clubes incluirán los traspasos en los presupuestos de dos temporadas diferentes, por aquello de ajustar la masa salarial permitida. Una operación que, estratagemas financieras al margen, es hasta cierto punto criticable.
Por mucho que Neto sea un grandísimo portero, camino de los 30 años no es precisamente una joven promesa. Teniendo en cuenta que Ter Stegen lo jugará todo y que el arquero brasileño sólo dispondrá de la Copa, pagar 35 millones por alguien que como mucho tendrá 7 u 8 partidos al año me parece una auténtica barbaridad.
Por otro lado, está claro que Neto no es un portero de futuro, por lo que el Barcelona no sólo ha desaprovechado la oportunidad de ingresar un dinero importante por la venta de Cillessen, sino también de hacerse con un guardameta joven y prometedor. ¿No habría sido mejor rastrear el mercado y pagar 12 millones por un arquero de la Ligue1 o de la Liga portuguesa? Pues no, el Barça prefirió desembolsar los 35 del internacional holandés en otro que, como mucho, estará 3 o 4 temporadas en el Camp Nou.
