La Liga
Ousmane Dembélé, jugador del Borussia Dortmund, es uno de los refuerzos que contempla Robert Fernández, secretario técnico del FC Barcelona, en el mercado de verano. El interés del club azulgrana por Dembélé no supone una novedad. Robert le observó varias veces en directo en la temporada 2015-16 cuando el joven futbolista francés brillaba con la camiseta del Stade Rennais. Podía jugar como extremo en cualquier banda o como mediapunta.
Su velocidad, verticalidad y capacidad regateadora llamaron la atención del FC Barcelona, que sin embargo, se limitó a contactar con Dembélé, como admitió recientemente el propio jugador. Poco después, Michael Zorc, director deportivo del Borussia Dortmund, se adelantó al resto como suele hacer en la contratación de jóvenes talentos.
El club alemán se llevó a Dembélé por un precio que ahora suena a regalo: 15 millones. Aproximadamente, la mitad de lo que el Barça pagó por Paco Alcácer, menos de la mitad de lo que invirtió en André Gomes y algo menos de lo que le costó Lucas Digne (16.5).
El FC Barcelona dejó escapar a un jugador de gran proyección por su actitud conservadora. Como era previsible, Dembélé ha ratificado en Dortmund lo que antes había acreditado en Francia, y ahora, el Barça sigue valorando la posibilidad de ficharle.
Sin embargo, la enorme diferencia económica respecto al año pasado cambia drásticamente el escenario. Por entonces, Dembélé tenía precio de promesa. Ahora, tiene precio de estrella. El Barça no debe tapar su error con el jugador con otro error: pagar una cantidad cinco o seis veces superior por su fichaje.
El FC Barcelona, muy limitado económicamente, está realmente necesitado de refuerzos en otras zonas del campo. La apuesta por la continuidad de Messi, Suárez y Neymar traslada la urgencia por fichar a otras demarcaciones como el centro del campo, el centro de la defensa y el lateral derecho. Allí deben ir sus millones. No a su línea de ataque, no a Dembélé, no ahora… salvo que el futuro de Messi o Neymar sufra un giro inesperado.
