La Liga
La marcha de Cristiano Ronaldo del Real Madrid se ha producido en un momento en el que los mejores delanteros del mundo no están en venta o tienen precios prohibitivos. El equipo blanco aceptó la venta del delantero portugués con excesiva facilidad. Ahora, se encuentra a expensas de que sus estrellas más irregulares den un paso adelante y los jóvenes crezcan a un ritmo vertiginoso.
Pero el contexto del mercado fue diferente hace un año. Kylian Mbappé irrumpió en el panorama internacional con el Mónaco. El Madrid negoció el traspaso del delantero francés, pero no alcanzó los 180 millones por los que el PSG fichó a Mbappé. Ahora, aquella oportunidad perdida adquiere una dimensión superior tras la baja de Cristiano.
Antoine Griezmann se puso en el mercado, especuló con su futuro y finalmente decidió renovar su contrato con el Atlético de Madrid, beneficiándose de un aumento salarial. A lo largo de este proceso, el Real Madrid tuvo la oportunidad de tentar al delantero francés, cuya cláusula de rescisión (100 millones) suponía una oportunidad de mercado.
En ambos casos, el club blanco optó por el continuismo amparado en los éxitos internacionales de la plantilla. Ahora, sin Cristiano, la delantera del Madrid sólo podrá mantener el nivel de temporadas anteriores mediante un extraordinario crecimiento colectivo e individual.
