El fútbol siempre será de la afición

OPINIÓN . El fútbol no es un deporte de los ricos, dueños, federaciones corruptas, inversionistas y televisoras, es de los que apoyan a su equipo cada fin de semana.

El fútbol siempre será de la gente - Foto: AFP El fútbol siempre será de la gente - Foto: AFP

Los seis equipos ingleses que formaban parte de la Superliga Europea han publicado comunicados en las últimas horas afirmando que se salen del proyecto. Manchester United, Manchester City, Chelsea, Liverpool, Tottenham y Arsenal han decidido no continuar en uno de los proyectos más deplorables de los últimos años en el fútbol mundial.

Pero, pese a que hace 24 horas estaban ya hablando de las fechas de inicio y de la posibilidad de negociar con las federaciones internacionales, los clubes se han asustado ante las manifestaciones sociales que han generado sus fanáticos, quienes han demostrado un repudio a la creación de un campeonato elitista y que no premia al mérito deportivo.

Y, lo peor de todo, es que Florentino Pérez, Ed Woodward, Andrea Agnelli y el resto de dueños de algunos de los clubes más importantes del mundo pensaban que la Superliga era el producto que los fanáticos aceptarían y consumirían, sin siquiera preguntarles a ellos mismos si estaban de acuerdo con romper con el status quo del fútbol europeo.

Pero, como no podía ser de otra manera, los fanáticos de los seis clubes más importantes de Inglaterra han demostrado que los dueños no pueden mandar en los clubes como si fueran solo suyos, como si fueran Amazon, Apple o BMW. Los clubes de fútbol, sobre todo en Inglaterra, son más que una empresa y no solo ven a sus fanáticos como consumidores, aunque no dejan de ser ambos en este contexto.

El fútbol no es un deporte de los ricos, dueños, federaciones corruptas, inversionistas y televisoras, es de los aficionados, de las personas que compran entradas todas las semanas, que adquieren las franelas de sus equipos cada temporada, que pagan los abonos, que sufren cada semana cuando su equipo pierde, que festejan cada gol como si no importara nada más en la semana y de quienes mantienen la historia de la institución por encima de los presidentes, directivos, entrenadores y jugadores que pasan con los años.

Fanáticos 1-0 Dinero

La salida de los equipos ingleses de la Superliga Europea, pese a que todavía no signifique la destrucción del proyecto en sí ante la ausencia de una declaración de los equipos italianos y españoles, es la demostración de que el dinero no puede más que el amor por un club, por los colores de un equipo que han seguido por toda su vida. Y, como si fuera poco, es la respuesta a un grupo de personas que, hace un par de días, pensaban que podían hacer lo que quisieran con este deporte y que ahora, con la cola entre las patas, tienen que salir a rendir cuentas.

Y, lo mejor de todo, es que las manifestaciones vienen de la mano con la intención de mantener a los equipos modestos, quienes eran los principales perjudicados de esta abominación y que ahora también pueden cantar victoria después de manifestar su repudio mediante comunicados en redes, reuniones para planear castigos…

La guerra no ha terminado.

Pero, más allá de que los fanáticos ganaran una batalla importante, la guerra no ha terminado. Todos tenemos que pelear para volver a tener el fútbol que queremos contra federaciones como UEFA y FIFA que se han destacado en su historia por la corrupción como, por ejemplo, la elección de Qatar como sede de la próxima Copa del Mundo.

La guerra terminará cuando tengamos la oportunidad de contar con dirigentes que piensen en el fútbol antes que en el dinero y que busquen el beneficio de las masas antes que el de ellos mismos.

La batalla contra la Superliga está cada vez más cerca de acabar, con una victoria contundente ante unos propietarios (no contra los clubes) que se creían dueños del fútbol, pero no podemos bajar los brazos hasta conseguir que vuelva la esencia de un deporte que nació en las calles, no como un espectáculo o un negocio, como lo dijo el gran Axel Torres en Ecos del Balón.

El fútbol es nuestro, no de los dueños y eso no lo podemos olvidar nunca.

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