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“Al final, si no soy titular con Ancelotti, no soy titular con Benítez y no lo soy con Zidane, no voy a ser tonto de buscar problemas donde no los hay. El responsable soy yo y eso es lo que quiero ver, dónde puedo mejorar para estar ahí”. Isco Alarcón pronunció esta frase en una entrevista al diario Marca publicada el 4 de octubre de 2016.
Dos años y cuatro meses después, el mediapunta malagueño necesita recuperar la vigencia de este ejercicio de autocrítica. Isco tiene 26 años y un brillante currículum, pero no ha ganado la batalla de la estabilidad en el Real Madrid. Sea por estados de forma, su peculiar estilo de juego, cambios de entrenador o fichajes de futbolistas más jóvenes, Isco vive en un constante estado de reivindicación desde el verano de 2013, cuando fichó por el club blanco.
El jugador malagueño no debe pensar en el entrenador como un enemigo cuando es suplente, ni como un aliado cuando es titular. Isco es responsable de sus propios vaivenes, como acertadamente dijo el propio futbolista en aquella charla con Marca. Pero este discurso autocrítico y políticamente correcto, además de expresarlo en una entrevista, hay que sentirlo.
“Totalmente de acuerdo con De la Red, pero cuando no gozas de las mismas oportunidades que tus compañeros, la cosa cambia... aun así, sigo trabajando y luchando mucho a la espera de ellas”, publicó Isco en Twitter el 7 de febrero en respuesta al exjugador del Real Madrid. El malagueño expresó así un sentimiento de desigualdad en el trato recibido por Santiago Solari. Y exactamente en este punto, Isco debe rescatar aquella frase que pronunció en Marca, añadiendo al técnico argentino para reforzar la autocrítica que necesita.
