La Liga
El FC Barcelona tenía una ventaja competitiva con respecto a sus rivales. La asunción de un modelo de juego definido, que se aplicaba desde el escalón más bajo de su cantera hasta el primer equipo, le permitía planificar las temporadas de forma más certera que el resto de equipos europeos. Los perfiles, desde el entrenador al portero que dominase el juego de pies, el central con habilidad para sacar el balón jugado o el centrocampista apto para el juego de posición, estaban definidos de antemano.
De unos años a esta parte, sin embargo, esto parece haber caído en saco roto. La marcha de Xavi Hernández, la más pura representación del modelo Barça, no ha sido suplida tres años después de producirse. Verratti fue un imposible, y Seri se descartó en el último momento por las dudas sobre su nivel. Y el conjunto culé lo está pagando.
Pese al excelente rendimiento cosechado y al buen trabajo realizado por Ernesto Valverde, la ausencia de un director de orquesta -Rakitic, Paulinho, André Gomes o Denis Suárez no encajan en ese perfil- que acompañe a Andrés Iniesta se está haciendo notar. El Barcelona sufre para atacar defensas replegadas, y solo la infalible conexión entre Leo Messi y Jordi Alba parece capaz de desatascar esas situaciones.
Un jugador que, sin necesidad de alcanzar la excelencia del centrocampista de Terrassa, ayudase a dar fluidez a la circulación de balón culé, supondría un salto de calidad decisivo para el equipo.
