Durante el reciente mercado estival, la afición del FC Barcelona celebró el fichaje de Ousmane Dembélé y soñó con el de Philippe Coutinho. El resto de incorporaciones se antojaban insuficientes para corregir la negativa trayectoria del Barça durante la pasada temporada. Sin embargo, un importante cambio ha pasado inadvertido: el de Ernesto Valverde por Luis Enrique en el banquillo.
El entrenador cacereño responde al perfil conciliador que huye del protagonismo y de polémicas gratuitas como las creadas por Luis Enrique con la prensa. Además de nuevos jugadores, el Barça necesitaba un cambio en el banquillo.
La pasada temporada reflejó el agotamiento del ciclo del técnico asturiano: el equipo apenas presionaba y recuperaba balones, no defendía de forma coordinada y agrupada, concedía demasiados espacios y sufría los efectos de las continuas rotaciones de Luis Enrique.
Valverde ha encontrado un Barça distinto. Sin Neymar y con Dembélé en fase de crecimiento. Con Semedo, Paulinho y Deulofeu como nuevas alternativas. Y con una circunstancia negativa que no debe pasar desapercibida: la mayor edad de Messi, Suárez, Iniesta y Piqué. Todos ellos han cumplido, como mínimo, 30 años.
Al margen de fichajes, el Barça necesitaba un impulso colectivo, un cambio de filosofía. Valverde, sin estridencias, busca la forma de reactivar a un equipo que no se ha reforzado como debía en el mercado.