UEFA Champions League
Osasuna ha cerrado una temporada mucho más angustiosa de lo esperado. El conjunto rojillo, que hace apenas unas semanas parecía lejos de cualquier problema serio, terminó salvándose en la última jornada y evitando un descenso que habría supuesto un golpe durísimo para el club y para una afición acostumbrada a competir con otra estabilidad.
La consecuencia inmediata ha sido la salida de Alessio Lisci. El técnico italiano no consiguió dar una identidad reconocible al equipo, acumuló demasiadas dudas en el tramo decisivo y su etapa en El Sadar ha terminado de forma lógica. Ahora, el nombre que gana fuerza para liderar el nuevo proyecto es Imanol Alguacil.
El final de Lisci era inevitable
La llegada de Alessio Lisci no logró generar el impulso que Osasuna necesitaba. El entrenador italiano aterrizó con la misión de sostener al equipo, dar continuidad competitiva y evitar que la temporada se complicara más de la cuenta, pero el desarrollo del curso fue apagando cualquier argumento a favor de su continuidad.
Osasuna terminó sufriendo hasta el último día. La permanencia llegó con más alivio que alegría, después de una dinámica final preocupante y de una sensación generalizada de que el equipo se había quedado sin respuestas. En un club como el navarro, acostumbrado a competir desde la intensidad, la organización y la conexión con su gente, esa falta de energía fue especialmente grave.
Lisci nunca terminó de encontrar la tecla. Probó estructuras, nombres y soluciones, pero el equipo no consiguió tener una línea clara. Hubo fases de reacción, pero siempre demasiado cortas. Cuando llegó el tramo decisivo, Osasuna transmitió fragilidad, dudas y una preocupante falta de contundencia.
La decisión de prescindir del técnico era, por tanto, consecuente. El objetivo mínimo se cumplió, pero la forma pesó demasiado. Salvarse no podía ocultar una temporada decepcionante, ni tampoco la necesidad de abrir un nuevo ciclo antes de que el desgaste fuera mayor.
Imanol Alguacil, un nombre que ilusiona
En esa búsqueda aparece con fuerza Imanol Alguacil. El entrenador de Orio está sin equipo y su nombre encaja perfectamente con lo que Osasuna necesita: carácter, trabajo, identidad y capacidad para construir un proyecto reconocible.
Imanol hizo historia en la Real Sociedad. Durante su etapa en Anoeta, consolidó al equipo en la zona alta de LaLiga, lo llevó de forma habitual a competiciones europeas y conquistó una Copa del Rey que quedará para siempre en la memoria del club txuri urdin.
Más allá de los títulos, su gran mérito fue dotar a la Real de una idea muy clara. Equipos intensos, valientes, con presión alta, buen trato de balón y una apuesta decidida por futbolistas formados en casa. Ese modelo dejó huella y elevó el nivel competitivo de la entidad durante varias temporadas.
Osasuna no es la Real Sociedad, pero comparte ciertos valores que pueden facilitar el encaje. El Sadar exige compromiso, energía y sentido de pertenencia. Imanol entiende ese tipo de fútbol emocional, pero también tiene recursos tácticos para hacer crecer a una plantilla.
Su llegada supondría un golpe de autoridad. No sería una apuesta menor ni una solución de emergencia, sino la contratación de un entrenador con prestigio en LaLiga y con experiencia suficiente para reconstruir un proyecto desde bases sólidas.

Un nuevo ciclo para recuperar la identidad rojilla
El gran reto de Osasuna es recuperar su esencia. La temporada ha dejado una advertencia clara: no basta con confiar en la inercia de años anteriores. La plantilla necesita ajustes, el banquillo necesita liderazgo y el club debe volver a reconocerse en el campo.
Imanol podría aportar precisamente eso. Es un técnico exigente, de entrenamiento diario, que no negocia la intensidad y que suele construir equipos competitivos desde la disciplina colectiva. Para un club como Osasuna, ese punto de partida resulta fundamental.
Además, su experiencia gestionando canteranos y jugadores jóvenes puede ser muy valiosa. Tajonar sigue siendo una parte esencial de la identidad rojilla y el nuevo entrenador deberá ser capaz de integrar talento propio sin renunciar a la exigencia de Primera División.
La operación, eso sí, no será sencilla. Imanol puede tener otros pretendientes y querrá garantías deportivas antes de aceptar. No necesita volver a cualquier precio, sino a un proyecto que le permita trabajar con margen y ambición.
Osasuna, por su parte, debe actuar con rapidez. Tras la salida de Lisci, el club no puede permitirse un verano de dudas. El banquillo necesita dueño cuanto antes y la figura de Imanol Alguacil parece ganar fuerza como el perfil ideal para devolver al equipo navarro la competitividad perdida.
