Premier League
Jose Mourinho lo ha vuelto a hacer. Tras el tropiezo del Manchester United frente al West Bromwich Albion, el entrenador portugués señaló a varios jugadores de su plantilla. En esta ocasión fueron Anthony Martial, Henrikh Mkhitaryan, Marcus Rashford y Jesse Lingard. Anteriormente, sus víctimas fueron otros como Iker Casillas, Pepe y Pedro León. En resumen, una indiscreción que, además de ser poco profesional, crea tensiones internas entre el técnico y algunos jugadores.
Fuera de su plantilla, Mourinho recurre a las decisiones arbitrales y a presuntas conspiraciones institucionales para justificar los resultados negativos de su equipo. Incluso, a recordar los éxitos deportivos a lo largo de su carrera, ignorando fracasos como el de su última temporada en el Chelsea y el de algunas de sus etapas en el Real Madrid.
Cualquier argumento es válido para Mourinho con el fin de evitar la autocrítica y analizar sus propios errores. Todo ello, con un enfoque populista y hostil que genera simpatía en el sector radical de su afición y la prensa afín a su equipo. Nada nuevo. Y su populismo, lejos de suponer una defensa de su club, es simplemente un instrumento para defenderse a sí mismo.
Curiosamente, Mourinho no sufre la misma presión mediática que otros entrenadores por la multimillonaria inversión de su club en fichajes. Ni siquiera tiene la exigencia de ganar grandes títulos en el United, algo que Antonio Conte puede lograr en el Chelsea un año después de que Mourinho dejara al equipo londinense a un punto de los puestos de descenso.
