La Liga
La revolución que vivió el Granada CF durante el pasado verano ha dado resultados muy negativos durante las primeras semanas de la temporada.
Han cambiado el propietario, el entrenador y una parte importante de la plantilla. Sin embargo, el Granada se parece peligrosamente al Rayo Vallecano de la pasada temporada en el terreno de juego. Su denominador común es Paco Jémez, cuya dirección desde el banquillo llevó al Rayo al descenso y ha situado al Granada en la penúltima posición con dos puntos en seis jornadas.
La fragilidad defensiva ha sido la base de estos resultados. El Rayo encajó 73 goles en la pasada Liga, siendo el equipo que más tantos encajó en la competición. Y el Granada, con 15 goles en contra, es el conjunto que más goles ha recibido en la presente Liga.
Paco es un hombre generalmente querido por la afición debido a su atípica sencillez y la franqueza de sus palabras. Además, ha recibido críticas positivas de otros técnicos y de la prensa por el buen trato del balón que caracteriza a sus equipos. Incluso, formó parte en verano de la terna de candidatos para dirigir a la selección española y a equipos como el Valencia CF.
Sin embargo, todo este envoltorio queda vacío de contenido por la candidez defensiva de sus equipos, que incluso resulta sorprendente en Primera División. Precisamente, la fortaleza defensiva es la base sobre la que se construyen los conjuntos modestos como los que Paco ha dirigido en los dos últimos años.
La valentía futbolística del técnico canario es loable, pero no sigue el criterio de que debe ser el entrenador quien adapte su propuesta a los jugadores a los que dirige. La osadía de Paco condenó al Rayo y sitúa al Granada en una posición delicada.
