La Liga
Cristóbal Parralo tuvo la mala suerte de llegar a Primera División del modo menos indicado. Feliz y tranquilo en el filial del Deportivo de la Coruña, -con el que había ascendido a Segunda B y tenía clasificado en la parte alta-, al técnico cordobés le llegó la llamada del primer equipo tras la destitución de Pepe Mel. Y lo que se encontró allí fue deprimente.
Tal y como se venía comentando desde hacía temporadas, el vestuario del Deportivo no sólo era un lugar poco sano a nivel de relaciones personales, sino muy tóxico desde un punto de vista grupal. Tras 15 partidos (3 victorias, 3 empates y 9 derrotas), Cristóbal fue destituido y llegó Seedorf. No cambió nada, obviamente.
Un año después, al ex del Dépor le ha llegado una nueva oportunidad en Segunda, al mando del modesto Alcorcón. Un equipo humilde y de plantilla discreta que, de la mano de Parralo, promedia casi 2 puntos por partido (con el filial deportivista promedió 2’5) y que se encuentra situado tercero, a menos de un partido del líder. Algo que no es casualidad, pues aunque no funcionara en A Coruña, Cristóbal es un entrenador como la copa de un pino.
