Premier League
Hace menos de un año, el FC Barcelona y Neymar rubricaban un nuevo contrato que les vinculaba hasta junio de 2022. Con una cláusula de rescisión ascendente y aparentemente prohibitiva, el Barça contemplaba el futuro del delantero brasileño con una engañosa tranquilidad.
Los rumores, que ya parecía eternos, sobre el interés del PSG por Neymar se han materializado en una de las operaciones más impactantes de la historia del fútbol. El club parisino ha pagado 222 millones de euros por un jugador que a sus 25 años no ha discutido el trono de Messi y Cristiano ni ha destacado por sus cifras goleadoras en el Barça.
Y las consecuencias ya se aprecian en el mercado. La Juventus considera que Paulo Dybala no debe tener un precio inferior al de Neymar. El Borussia Dortmund pide 150 millones de euros por Ousmane Dembélé dado su gran rendimiento durante su primera temporada en la élite europea. Mientras, el Liverpool exige un mínimo de 100 millones por Philippe Coutinho, un talentoso futbolista que se ha mantenido alejado de la élite mundial en los galardones concedidos por la FIFA y France Football. Además, los clubes ingleses, especialmente los dos grandes de Manchester, siguen pagando un sobreprecio por jugadores de corto recorrido a nivel internacional.
Kylian Mbappé supone otro ejemplo de la fiebre creada en los clubes por adquirir a las estrellas del futuro. Según Premium Sport Italia, el PSG pagará 200 millones por su fichaje. Independientemente de que dicha información se confirme, resulta indiscutible que la realidad del fútbol europeo ha cambiado.
Las diferencias económicas entre ricos y modestos han alcanzado un nivel peligroso para la integridad y estabilidad del fútbol profesional. 100 millones de euros se han convertido en una cantidad asequible por un traspaso de primer nivel. El precio límite de un jugador se ha duplicado en sólo un año. Y nadie puede culpar a China.
