El doble rasero del Valencia

El conjunto de Mestalla se ha gastado más en una promesa portuguesa que lo que pedía el Barça por Rafinha.

Thierry Correia en un partido con el Sporting. / tranfermarkt.es Thierry Correia en un partido con el Sporting. / tranfermarkt.es

El último día de mercado llegó a la capital del Turia una de las jóvenes promesas del fútbol portugués. Thierry Correia, lateral derecho -aunque puede actuar también como lateral izquierdo y extremo derecho-, 20 años, menos de diez partidos en la élite del fútbol portugués... y 12 millones de euros. Visto así parece hasta surrealista, incluso loco pensar que un equipo como el Valencia haya gastado tanto dinero en un jugador que todavía no ha demostrado nada a primer nivel. Aunque hay que tener en cuenta que es una joven promesa y que, quizá, si hubiera demostrado ya su nivel en la élite los de Mestalla no podrían ni siquiera pensar en ficharlo porque ya estaría jugando para el Manchester City, el Bayern o la Juventus, que pedirían por él 80 millones de euros.

El problema no viene en lo que ha costado. El problema viene cuando el aficionado que calienta cada semana el asiento de Mestalla -siempre que nuestra querida Liga no pone un horario delictivo y luego reparte botellitas de agua para los que se ponen en Valencia a 40 grados al sol- ve que su equipo se gasta 12 millones de euros, más bonus, en un jugador de 20 años pero no acepta pagar 10 millones por Rafinha, que ha demostrado que, a un nivel físico óptimo, por 10 millones pagas una de sus botas después de un partido de pretemporada.

Está claro que en el Valencia Club de Fútbol hay un señor, que vive en Singapur y que tiene la mayoría accionarial, y por ende, puede hacer con el Club -casi- lo que quiera. De hecho, aunque el aficionado medio no lo llegara a entender, podría llegar el primer día de enero, despedir a todos y cada uno de los integrantes de la plantilla y contratar a todos nuevos. Obviamente no lo va a hacer, Peter Lim no ha llegado a ser una de las mayores fortunas de Asia haciendo ese tipo de cosas, pero poder, podría.

Lo que no se entiende es que para algunas cosas deje actuar y confíe en Marcelino, Mateu Alemany y Pablo Longoria y para otras los ate de pies y manos y confíe sólo en su amigo y socio Jorge Mendes. De hecho así ha pasado con el fichaje de Rafinha, que lo bloqueó desde Singapur y el centrocampista hispanobrasileño se tuvo que marchar al Celta para no pasar otra temporada viendo los partidos desde la grada del Camp Nou.

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