La Liga
En las últimas semanas, el FC Barcelona no ha descartado el regreso de Neymar a través de Pep Segura, mánager general deportivo, y Guillermo Amor, director de relaciones institucionales. Una postura sorprendente por motivos que trascienden el ámbito deportivo.
En lo futbolístico, siempre he pensado que Neymar promete con el balón más cosas de las que hace. Se siente capaz de ejecutar cualquier genialidad, y a veces la consigue, pero en numerosas ocasiones peca de individualista y no elige la mejor opción. No posee la inteligencia futbolística y la eficacia que caracterizan a los grandes del fútbol mundial como Leo Messi y Cristiano Ronaldo. Económicamente, Neymar está muy sobrevalorado, y sus excentricidades reflejan los malos consejos que ha recibido de su entorno a lo largo de su carrera.
En el Barça, fue un jugador irregular. Alternó actuaciones asombrosas con fases de desaparición que tanto recuerdan a una estrella del Real Madrid como Gareth Bale. Sin duda, Messi, Suárez e Iniesta ejercieron mayor liderazgo que Neymar en el equipo azulgrana. Y con la selección brasileña, el actual delantero del PSG se ha reivindicado con estadísticas, pero no ha rendido como una estrella en los Mundiales.
Además, cabe recordar que Neymar negoció con el PSG para abandonar el Barça mediante la cláusula de rescisión contra la voluntad del club azulgrana. En la plenitud de su carrera, cuando gozaba de un suculento contrato, del afecto del club y la afición, cuando podía aspirar a todos los títulos, Neymar tomó una decisión caprichosa y económicamente beneficiosa.
A ello hay que añadir los litigios judiciales entre Neymar y el FC Barcelona. Por ejemplo, el delantero brasileño reclamó 40 millones al club azulgrana por la prima de renovación del contrato que firmó un año antes de marcharse al PSG, pero la FIFA desestimó la petición del jugador.
Diversos medios señalan que Neymar quiere volver al Barça. Algunos altos cargos del club no le cierran la puerta. Pero el FC Barcelona debe evitar un desenlace surrealista. Neymar decidió, y no de forma repentina, que el Barça ya pertenecía a su pasado.
