“El vestuario valora que Kluivert es una buena opción”. Este era el tema de portada hoy en Mundo Deportivo. Precisamente este ha sido el gran problema reciente del Barça, que ha dejado que la plantilla valore, haga y deshaga a su antojo, en una especie de dictadura que ahora no hay golpe de estado capaz de derrocarla.
El Barça tiene una plantilla acomodada que vive de las rentas del pasado. Un grupo de jugadores que físicamente están lejos de su mejor nivel y su estatus económico no corresponde al rendimiento en el césped. Hay casos y casos, pero la sensación es que primero se le puso la cruz a Valverde y ahora a Setién. Entre medias se pidió a Xavi y ahora el capricho es Kluivert. Basta ya.
El entrenador que llegue tiene que hacer una limpia de egos. Hay que refrescar piernas y mentalizarse de que un ciclo ha terminado. Cuesta decirlo, pero posiblemente Messi tenga que ser el primero. El argentino, peor rodeado que nunca, sigue siendo el mejor pero no hay sintonía con sus compañeros. Le deben seguir dos amiguitos como Luis Suárez y Jordi Alba, cada vez con más lagunas y menos impacto en el campo.
Otros veteranos como Busquets o Piqué también encaran la cuesta abajo de sus carreras, aunque el central sigue dando un rendimiento sobresaliente y es la excepción de esta regla. Los pesos pesados deben irse o dar un paso al lado para iniciar un nuevo ciclo donde el entrenador recupere el control y el equipo vuelva a tener energía y hambre. Va siendo hora de acabar con la dictadura de la plantilla culé.