El día que Nayim hizo que todos fuésemos del Zaragoza

Una gesta que no se olvida con el paso de los años

César Ponce Becerril | 21 Mar 2020 | 11.45
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Demostró que se puede marcar un gol desde su banquillo. Foto: Teledeporte
Demostró que se puede marcar un gol desde su banquillo. Foto: Teledeporte

Teledeporte está emitiendo estos días partidos históricos y anoche recordó el mítico gol de Nayim al Arsenal en la Recopa de Europa. Rápidamente Twitter convirtió en TT al ex zaragocista, que aquel día entró en la historia del club y de todo el fútbol español, porque fue uno de los pocos días que todo el país apoyó a un mismo equipo. En esa final, todos gritamos ese gol como si fuésemos aficionados del Zaragoza.

Era el último minuto de la prórroga entre el Zaragoza y el Arsenal. Los más jóvenes no se acordarán, ya que pasó el 10 de mayo de 1995, hace casi 25 años. Un jugador hasta ese momento casi anónimo, como era Nayim, tuvo un momento de inspiración que le cambió la vida. Tras un saque de su portero, el balón llegó a su zona, y desde casi el centro del campo y escorado a la banda (pegado literalmente a su banquillo) lanzó un disparo a portería que se envenenó con la colaboración de Seaman, haciendo estallar de júbilo a toda una afición y a todo un país.

París, donde se jugó aquel partido, se convirtió así en parte de la historia de nuestro fútbol con un gol que aunque pasen los años siempre emociona recordar. El Zaragoza, que ahora estaba bien colocado para retornar a la élite, escribió ese día la página más brillante de su historia, con un guión épico que sólo ocurre en el mundo del fútbol.

Las narraciones de aquel día son históricas, por lo inesperado de la jugada. Sólo el protagonista podía pensar que desde esa distancia el golpeo podía acabar en gol. Una parábola perfecta que tardó en caer y que uno no se cansa de ver. El Arsenal era el gran favorito aquel día, pero el Zaragoza rompió los pronósticos a lo grande, primero con el oportunismo de Esnáider y después con la obra de arte de Nayim, que será recordada para la eternidad, especialmente en parones como este donde todos estamos huérfanos de fútbol.