La Liga
Era un 2 de mayo de 2009. El Real Madrid tenía que ganar para apretar la liga y dejarla en un sólo punto a falta de varias jornadas por disputarse. Un gol de Higuaín a los 14 minutos hacía que las teorías del ‘canguelo’ sobrevolaran las mentes de los culés, pero a partir de entonces, tuvo lugar una de las mayores exhibiciones futbolísticas de la historia contemporánea. El sextete del Barça de Pep Guardiola comenzó a fraguarse aquel día.
Fue una tarde única e inolvidable, sobre todo para los aficionados del Barça. El gol de Higuaín sólo fue un espejismo y desde ese momento el Barça fue una apisonadora, con ese tridente ofensivo conformado por Henry, Eto'o y Messi, que aquel día estrenaba la posición de falso nueve que tanto rédito le ha dado en su carrera.
Precisamente el francés igualó el partido a los pocos minutos y Puyol hizo el 1-2 en uno de esos cabezazos marca de la casa. Su celebración besando el brazalete de capitán también es una de las imágenes que ha pasado a la historia de aquel día. Antes del descanso, Messi marcó a placer el 1-3, un mazazo para el Madrid que se estaba viendo superado por el vendaval que tenía delante.
En la reanudación se repitió el guión, con un gol tempranero de Sergio Ramos que sólo fue un espejismo. Acto seguido Henry sellaría su doblete y en la recta final, Messi completó una gran maniobra de Xavi, firmando también el segundo gol en su cuenta particular, de los muchos que marcaría después en el templo madridista, uno de sus estadios talismán.
Quedaba la guinda, el gol que redondearía la gesta. Un gol que fue especial también por quién lo marcó, Gerard Piqué, desde entonces gran azote del Madrid. El central se fue al ataque y culminó con acierto uno de los goles que más recuerda de su carrera. Aquel día, el Barça tocó el cielo. Curiosamente, ahora empieza a notar el calor del infierno. Cómo han cambiado las cosas en once años.
